JC Heredia Pérez
La discusión sobre la creación de un colegio de
historiadores, además de poner de manifiesto las necesidades y exigencias de la
Historia, demanda replantear los planes de estudios y perfiles que ofrecen los
centros o escuelas de formación. Los requerimientos actuales nos llevan a
observar la utilidad de la Historia, el papel y los espacios de acción de los
historiadores.
Es honroso mencionar que existen ejemplos de
historiadores e historiadoras exitosos que merecen ser imitados y, por qué no,
superados; sin embargo la baja oferta laboral es uno de los mayores problemas
que aqueja a un gran número de la comunidad de historiadores. Mucho de esto se
debe a que el enfoque de formación que se viene aplicando, es un enfoque
aislado que no guarda relación con las necesidades y exigencias actuales.
En el plano local, en Ayacucho, las prácticas
pre-profesionales que deben ser una oportunidad para poner a prueba y dar a
conocer los saberes aprendidos en instituciones estratégicas, se sujetan y se
quedan en revisar cuantos archivos existan. Dejando a los estudiantes como
única alternativa que todos realicen informes sobre ciertos temas con datos archivísticos,
cuando es posible y justo que se presenten investigaciones, por ejemplo, sobre
la situación y mejoramientos de los archivos institucionales, o sobre la
situación de la enseñanza de la Historia en los colegios o sobre
potencialidades turísticas, pudiendo muy bien ensayar ciertas alternativas de
viabilidad. Estas deficiencias muestran como nuestra escuela de formación
profesional se encuentran en total encierro respecto a contactos o convenios
con otras instituciones y su participación en la problemática socio-económica y
política de la región es nula.
Ante tal situación, la formación histórica se debe
redefinir ampliando sus horizontes y ofreciendo un abanico de posibilidades donde
la sociedad y especialmente los jóvenes puedan ver en la Historia una
oportunidad y no la última opción. Se requiere de una formación integral que, además
de construir discursos académicos, ofrezca mayores herramientas que les permita,
al culminar los estudios, desenvolverse en múltiples espacios y en situaciones
inmediatas que el mercado exige, aumentando de este modo las oportunidades laborales
y mejorar la imagen de patito feo que se tiene sobre la Historia.
Así mismo, la formación debe enfocarse desde el
desarrollo individual y colectivo, donde el historiador o la historiadora puede
elegir libremente a que rubro o actividad dedicarse a partir de la Historia. Es
absolutamente válido que algunos puedan dedicarse al mundo de la investigación
histórica y enseñar en universidades; así también es absolutamente válido que
otros decidan por la pedagogía en colegios y enseñar la Historia de forma
crítica y abierta; y otros tantos pueden dedicarse al diseño, elaboración y
ejecución de proyectos de inversión pública o de otra índole: culturales, productivos,
etc. Esto permitiría al quehacer histórico trascender más allá de la opinión
puramente académica.
Uno de los espacios donde la Historia tiene un
papel importante es en la educación. Como institución debemos ser los que
negocien, ante el Ministerio de Educación, sobre la metodología de enseñanza de la Historia y
de cuantas horas son las que se deben dictar en las escuelas y colegios. Esto nos
permitiría empoderar ciudadanos con conciencia crítica y afectividad más sólida
sobre nuestra identidad e historia, y el bicentenario es una gran oportunidad
que nos puede ayudar a consolidar esta ardua tarea. Otra oportunidad importante
ahora es la elaboración del Diseño Curricular Regional, pero ¿cuál es la
propuesta que se está presentado para la enseñanza de la Historia en la región
de Ayacucho?
Otros espacios estratégicos donde podemos
intervenir son: el Ministerio de Cultura, de Desarrollo e Inclusión Social. Las
instituciones públicas y privadas que cuentan con importantes centros
documentales son otras potencialidades que podemos examinar. Son diversos
espacios que podemos ir conquistando además de hacer investigaciones históricas
que se sujeten a gustos personales o necesidades colecticas. Todo esto es
posible si antes comprendemos que la Historia además de ser abierta, es
flexible y puede adaptarse a todos los contextos y espacios, porque una de las
ventajas que tiene es que nos permite ver las cosas y los hechos sociales diacrónica
y sincrónicamente analizando así procesos y rupturas de ayer, de hoy y, por qué
no, de mañana.
Finalmente quiero expresar mi postura respecto a la
creación del Colegio de Historiadores. Si bien desde hace unos años se viene
proponiendo, es en los últimos meses que se está discutiendo, virtualmente, con
mayor énfasis al respecto. Variadas opiniones se oponen a la manera y a las
deficiencias de cómo se está planteando esta institucionalización. Comparto
esta oposición específicamente por dos razones: primera, porque se pretende
crear una institución con un modelo que no se ajusta a las características del
quehacer histórico actual; segunda, porque se excluye a todas aquellas personas
que no hayan tenido o sean ajenas a la formación histórica [1]. Sin embargo, la
comunidad de historiadores e historiadoras debemos contar con una organización
que sea efectiva y fuerte [2], que sea plural, que proteja la condición abierta
de la Historia[3] y que responda a las exigencias y necesidades de hoy.
[1] Al respecto se puede revisar el texto de Pablo Macera: Trabajos de Historia. Tomo 1. Segunda edición facsimilar 1988. Lima - UNMSM. p. XXI.
